Llevo varias semanas escribiendo esta nota. No sabía cómo empezar, cómo disculparme por no haber escrito desde hace más de tres meses. Pero aquí estoy de nuevo, en una nueva casa, una nueva vida, un anillo más en mi dedo y con una familia más grande (familia política, no bebé).
Mientras hago el oficio (sí, el oficio) en mi casa, me he preguntado si he de darle un nuevo giro al blog, uno que hable sobre lo que no te dicen cuando te casas. Apenas me he adaptado a la vida de una mujer casada, traductora, community manager, ama de casa con oficina en casa.
Para empezar, cuando vivía en casa de mis padres, mi día comenzaba a las 8am con un desayuno hecho por mi mamá. Luego del desayuno todo era trabajo, trabajo, trabajo, hasta las doce del mediodía, cuando decidía ejercitarme y luego ir a darme un baño.
Luego del almuerzo (preparado por la cocinera), trabajaba por una hora más y jugaba con mi sobrina que casi siempre estaba en casa. A eso de las 5:00 pm llegaba el amor a visitarme y todo era paz y tranquilidad. Excepto cuando nos tocó planear y organizar la boda, eso fue una montaña rusa de emociones y estrés, pero estrés del bonito.
Mi día de casada se resume más o menos en esto:
- Despierto a las 9:00. No puedo despertarme antes de esa hora, ¡y es horrible! cuando el amor ya llevará una hora o dos de labores. (¿Qué dirán las generaciones anteriores de no levantarme antes a hacer desayuno?).
- Trabajar 10 minutos.
- Hago desayuno. Desayuno.
- Barrer, trapear, limpiar baños, lavar ropa, tender ropa, hacer cama, o cualquier actividad que toque hacer.
- Trabajar media hora, o lo que alcance antes de darme cuenta de:
- Cielos, ya es mediodía y no he hecho almuerzo...
- Hago el almuerzo. Almuerzo.
- Trabajo, trabajo, trabajo.
- Siesta... no se por qué estoy tan cansada ahora. :(
- Pensar qué escribir en el blog y no hacer nada.
- Hacer cena. Cenar.
- Doblar ropa, planchar camisas o tirarme en la cama con el amor, sintiendo que no hice nada en el día. Por lo regular hago esto último.
Mi vida no solo es diferente ahora, ¡es hermosa!
Aunque me costó salir de la comodidad de la casa de mis papás, hoy puedo decir que la vida de casada no es lo que te dicen; si te casas con el amor de tu vida es mejor de lo que te dicen. Yo me despierto cada mañana y duermo cada noche con la persona que amo. Cada día aprendemos cosas nuevas uno del otro, reímos juntos, bromeamos uno con el otro y nos apoyamos. Tengo su apoyo en cada faceta de mi vida, incluso cuando no quiero hacer oficio y hasta con las ideas más locas de mi cabeza.
Cierro esta nota diciendo que Dreya regresó con más temas y aventuras. Esperen leer de mi más seguido.